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Los manuscritos de Tombuctú

historia julián santamaría tombuctú Nov 07, 2020

Por: Julián Santamaría

En abril de 2012, con los violentos avances de los grupos armados del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad y Ansar ad-Din, el legado histórico de la legendaria ciudad de Tombuctú, en Mali, se vio amenazado.

El terror volvía a poner en peligro el tesoro que la familia de Ismael Diadié Haidara construyó durante más de cinco siglos: una biblioteca con 12.714 manuscritos. Previendo el peligro al que se exponía el legado de su familia, Diadié decidió abandonar la ciudad y regresar a Toledo, España, de donde siglos antes su antepasado Ali Ben Ziyad Al Quti salió hacia el exilio.  

En 1467, al igual que muchos de los musulmanes que durante la reconquista española emigraron hacia África, el jurista y noble Ali Ben Ziyad al-Quti se instaló con su familia en Tombuctú. No llegó a la ciudad con las manos vacías. Traía consigo su biblioteca personal: una importante colección de textos en hebreo, castellano y árabe que había recopilado durante su vida en Al-Ándalus.

Tombuctú no fue una decisión arbitraria para Ali Ben Ziyad y su familia. Ya desde el siglo XIV, la ciudad era uno de los centros culturales e intelectuales más importantes del mundo. La ruta comercial del oro del occidente de África y el prestigio de la Universidad de Sankoré trajo consigo incontables manuscritos y pensadores del mundo islámico. Así, poco a poco, se formó una tradición de copistas, calígrafos, traductores y estudiosos que continúa hasta nuestros días.

Bajo el esplendor de Tombuctú y el pasar de los siglos, el clan Kafiti, la descendencia de Ali Ben Ziyad, se encargó de ampliar la biblioteca hasta llegar a los casi 13.000 manuscritos que en este momento conforman la biblioteca del Fondo Kati, actualmente dirigida por Ismael Diadié. Hay manuscritos desde el siglo XII hasta el XIX. Hay volúmenes en árabe, español, hebreo, francés y aljamiado (español con caracteres árabes).

Entre los textos se encuentran actas jurídicas, testimonios de los quehaceres diarios, así como obras de gran importancia comentadas por los intelectuales de Córdoba, Marrakech, Fez, Bagdad y El Cairo. Sumado al valor de los manuscritos, las notas al margen añadidas a través de los años por los sucesivos recopiladores y copistas incrementan el interés histórico de la colección.

Pero la biblioteca del Fondo Kati no es un caso aislado. Muchos manuscritos de Tombuctú se conservan en manos privadas y son gestionados por familias de larga estirpe. Varios estudios calculan que, incluyendo las colecciones públicas, existen por lo menos un millón de manuscritos en la ciudad. Otros, un poco más osados, estiman que hay cerca de cinco millones. Por su volumen y la diversidad de lenguas en las que están escritos, el contenido de muchos de los manuscritos sigue siendo desconocido. Solamente clasificarlos, organizarlos e indexarlos es una tarea colosal, pero el valor histórico de los manuscritos es enorme.

Lamentablemente, la predicción de Diadié fue acertada. En 2013, Tombuctú fue ocupada por el grupo extremista Ansar ad-Din. Durante diez fatídicos meses,  asediaron la ciudad, destruyeron varios tesoros arquitectónicos e incendiaron la biblioteca del Centro de Investigación Ahmed Baba, un referente global  para el estudio del mundo islámico donde se encontraban la mayoría de los manuscritos de la ciudad. Por fortuna, al igual que Diadié, el Centro de Investigación Ahmed Baba y varios de los encargados de las diferentes colecciones privadas de Tombuctú, pusieron a salvo el grueso de los manuscritos al trasladarlos a lugares seguros.

En este momento, Ismael Diadié sigue exiliado en España con unos cuantos manuscritos de su vasta colección. Pero la gran mayoría de textos del Fondo Kati están ocultos y esparcidos por Malí y algunas ciudades de España gracias a una red de contactos que Diadié logró forjar a través de los años. A pesar de las dificultades, y con la ayuda de académicos de todo el mundo, Diadié y los otros coleccionistas privados de Tombuctú continúan con la ardua labor de desentrañar algunos de los tesoros mejor guardados de la historia.