Curso
Olvido, creatividad y autodestrucción en el arte
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Para los griegos, desde tiempos los inmemoriales que Homero relata en La Iliada y La Odisea, era mejor tener una vida breve pero llena de gloria que una existencia ordinaria que quedara relegada al olvido. Es precisamente esa resistencia al olvido la que hará que esos mismos héroes y Dioses del Olimpo de los que hablaba Homero siguieran siendo venerados a través de su representación en el arte muchos siglos más tarde.
El olvido conduce a otro tema muy perturbador: el de la creatividad asociada a la autodestrucción. No se trata de un tema nuevo pues también los griegos, con su sabiduría, enfrentan a Dionisios y a Apolo. Mientras Apolo es el Dios asociado con la claridad, la luz, la transparencia, la belleza, las artes; la imagen de Dionisios, por el contrario, a pesar de ser un dios profundamente creativo, se relaciona con los excesos, la desmesura, la exageración, la embriaguez, el éxtasis y la locura.
¿Qué puede determinar que la creatividad en muchos casos vaya necesariamente acompañada de la capacidad autodestructiva? ¿Puede ser el olvido una de las causas? En la vida real, con mucha más frecuencia de lo que quisiéramos admitirlo, las mentes lúcidas de aquellos seres insospechada e inusitadamente geniales y talentosos arrastran una personalidad conflictiva, una existencia que los conduce en algunos casos extremos a la locura, los excesos, la autodestrucción o el suicidio.
¿Qué vivirás en esta conferencia?
Aprenderemos cómo en las artes plásticas el panorama es particularmente dramático. Conoceremos a una cantidad de artistas que, a pesar suyo, no pueden enfrentar la vida de una manera distinta a la autodestrucción. Este es el caso del pintor del barroco temprano, Michelangelo da Merisi, da Caravaggio.
Caravaggio es brillante, talentoso, original, capaz de convocar la verdad como nunca nadie lo había hecho pero es pendenciero, violento, vengativo y esa personalidad acaba por arrastrarlo a la muerte y al olvido.
El rechazo que producen La Olimpia y La Merienda Campestre de Édouard Manet hacen que Napoleón III inaugure El Salón de los Rechazados en 1863, para poder alojar ahí las obras que han sido rechazadas por el Salón Oficial. El olvido será durante largos años el destino de los pintores impresionistas y tendrá que pasar un largo tiempo antes que su más grande promotor, Claude Monet pueda vivir holgadamente de la pintura.





