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Textos Medio Oriente

Medio Oriente - Textos

material adicional medio oriente textos Sep 06, 2022

1. Causa de la ignorancia del los Orientales según Volney (1787)

“Buscando las causas de la ignorancia general de los orientales, no puedo decir nada de un viajero reciente que viene de las dificultades del idioma y de la escritura: sin duda, la dificultad de los dialectos, el envolvimiento de la personalidad, el vicio mismo de la construcción del alfabeto multiplican las dificultades de la educación. Pero, el habito los supera y los Árabes alcanzan a leer y a escribir tan fácil como nosotros. La verdadera causa es la dificultad de los medios para educarse empezando con la escasez de libros.

En oriente, no hay nada más raro. En todo Siria sólo se conocen dos colecciones de libros, el de Mar Hanna, del que he hablado, y el de Djezzâr. Ya vimos como el primero es débil tanto por la cantidad como por la calidad. No hablaré del segundo como testigo ocular, pero dos personas que lo vieron me dijeron que no contaba con más de tres volúmenes. En Alepo, la casa de Bitar es la única que tiene libros de astronomía que nadie entiende. En Damas, la gente de la ley no le hace caso ni a su propia ciencia. “


2. Murtadâ al Zabîdî, un humanista sufí del siglo XVIII

Ese año muere nuestro Sheikh, un verdadero monumento, un mago que jugaba con los espíritus. Él atravesó todos los caminos de la lengua y de la tradición (hadîth) y se quedó en los reinos más profundos de la ciencia. Él dominaba todos los estilos de teología (kalâm), como lo certifican las páginas y las plumas. Un hombre de conocimiento profundo y de bondad, un monumento de la ciencia, la autoridad más pertinente y un propósito para los viajeros, un genealogista, un jurista, un tradicionalista, un lexicógrafo, gramático, especialista en teoría legal y un autor en poseía como en prosa.
El cheikh Abû l-Fayd al-Sayyid de Muhammad b. Muhhamad b. Muhhamad b. Àbd al –Râziq conocido por el nombre de Murtadâ al-Husaynî al- Zabîdî al- Hanafî: es así como él mismo se presentaba , como yo le entendía de su propia boca y lo vi escribirlo de su mano. Él nació en 1145, creció en su país y partió en busca de ciencia e hizo muchas veces el hajj. Él se encontró a Sayyid ‘Abd al- Rahmân al ‘-Aydarûs en la Meca en 1163. Se instaló en Taif después de su partida por el Yemen y a su regreso en 1166 aprendió el fiqh con el sheikh ‘ Adb Allâh y éste le dio su ijaza. Estudió el Mukhtasar de al- Sa’d con el sheikh ‘Abd al- Rahmân al- ‘Aydarûs, lo frecuentó constantemente y éste hizo que portada la khirqa. Zabîdî le dijo: Fue él quién, al describirme sus sabios, sus príncipes, sus cartas y todas estas maravillas, hizo que viniera al Cairo.

Jabartî, ‘Ajâ’ib al-athâr f î l –tarâjim wa l-akhbâr, Dâr al- Jîl, Beirut, n-d., II, p.103-104.

 

3. El genio civilizador de Mehmet Ali (visto por un diplomático francés en 1833)

A la existencia política de Mehmet Ali se une la idea de la civilización de
Egipto entendiendo la palabra civilización como la aceptación de nuestras ideas modernas , y la civilización de Egipto se une ella misma a este gran movimiento y desarrollo que , sobre formas diferentes, se hace sentir a la vez en los Estados del Oriente como en los pueblos de Occidente.

En los Estados cristianos, la civilización está formada lentamente y por grados. Y como el resultado natural de las ideas que el cristianismo ha introducido por medio de los hombres. Ella debe tomar otro camino en los Estados musulmanes.

Ren no estaba preparado para recibirla, luego de que sangrientas amenazas fueran anunciadas a los jefes de Estados advirtiendo que las naciones que ellos gobernaban no estaban más al nivel del progreso general del hombre y que estaban ubicadas en la alternativa o que debían someterse a una ruina progresiva e inevitable, o que debían llevar ellos mismos sus problemas a través de un impulso vigoroso y rápido en las vías dónde habían entrado los pueblos occidentales.
Además, mientras que por medio de los pueblos los soberanos siguen la opinión, esta opinión los empuja continuamente a entrar en una tendencia de libertad y civilización, por lo que los soberanos introducen con esfuerzo en Oriente sus mismas ideas que algún día van a limitar sus poderes, poniendo este último servicio a la autoridad déspota dónde ellos mismos están preparando su ruina(…)

Mehmet Ali ha entrado, como Pedro el Grande, como el Sultán Mahmud, por una puerta sangrienta en la vía de la civilización. La destrucción de los Mamelucos había precedido todo ensayo de mejoramiento, como la de Streltsi, como la de los jenízaros; es ese día que ocurre su reino en Egipto:
1 de marzo 1811.

Su excelencia ha visto, en mi última hazaña, cuál fue la organización militar por la cual Mehmet Ali remplazó el poder de los Mamelucos, y comenzó una fuerza brutal, enemiga de todo orden y de todo mejoramiento moral, él cambió una fuerza regular, pasiva y obediente y al final le dio a esta fuerza un instrumento de civilización haciendo de la armada el primer ensayo de métodos y de instituciones en Europa.

 

4. Decreto de Su majestad Imperial el Sultán, promulgando la constitución otomana (23 de diciembre de 1876).

“Mi ilustre Visir Midhat Pasha,
El poder de nuestro Imperio se encontraba antaño en declive; pero los asuntos externos no eran la causa, pues nos habíamos desviado del buen camino en la administración de los asuntos internos, y los lazos que unían la confianza de nuestros sujetos hacia el poder, se fueron debilitando con el tiempo. También, mi augusto padre, el sultán Abd-ul-Medjid, le había dado un principio a la reforma, el Tanzimat, que garantizaba la vida, bienes y honor de todos según las disposiciones sagradas de la Sharía.
Fue por el efecto benéfico del Tanzimat, que el Estado pudo hasta hora mantenerse seguro, y que Nosotros hemos logrado proclamar hoy esta constitución, que es el resultado de ideas y opiniones libremente fundadas. En este día bienaventurado, debo recordar con una devoción particular, la memoria de Mi Augusto Padre quien fue considerado el regenerador del Imperio.
No dudo que él mismo haya inaugurado la era constitucional en la cual entramos el día de hoy. Pero fue a Nuestro Reino al que la providencia le otorgó el privilegio de llevar a cabo esta transformación, que es la garantía suprema de la felicidad de Nuestro pueblos.
Agradezco al cielo de haber sido elegido para esta tarea. Era evidente que el principio de nuestro gobierno, era incompatible con los cambios sucesivos en nuestras relaciones exteriores. Nuestro más profundo deseo es el de lograr eliminar para siempre todas las dificultades que entorpecen el funcionamiento de la Nación y el País, que impiden aprovechar los recursos naturales que poseemos, y evitan que Nuestros súbditos adquieran los derechos que pertenecen a toda sociedad civilizada, de asociarse en una misma idea de progreso, unión y concordia.
Para lograr este objetivo, era necesario adoptar un régimen regulado, que protegiera los derechos imprescindibles del poder gubernamental, previniendo los errores y abusos de cualquier índole, que sean resultado de actos ilegales, es decir de dominación arbitraria de uno o varios individuos. También se necesitaba darle los mismos derechos y deberes a los diferentes miembros de las comunidades que componen nuestra sociedad. Este es el único medio para garantizar y proteger todos los intereses. De estos principios esenciales surgía la necesidad de agregar a nuestro derecho público un sistema deliberativo y constitucional.
Es por esto que, en el decreto que promulgamos a nuestra llegada al trono, declaramos la urgencia de crear un Parlamento. Una comisión especial, formada por los más grandes dignatarios, ulemás y funcionarios del Imperio, elaboró con cuidado las bases para nuestra constitución, que fue en seguida estudiada y aprobada por Nuestro Consejo de ministros. Esta carta fundamental, consagra las prerrogativas del Soberano, la libertad e igualdad civil y política de los otomanos ante la ley, las atribuciones y responsabilidades de los ministros y funcionarios, los derechos de control del Parlamento, la independencia completa de los tribunales, el equilibrio del presupuesto y, finalmente, la descentralización administrativa de las provincias, conservando un poder decisivo para el gobierno central.
Todos estos principios están conformes a las disposiciones de la Sharía, así como nuestras aptitudes y aspiraciones están en armonía con el pensamiento generoso de restablecer la felicidad y prosperidad de todos, lo que es nuestro deseo supremo. Al confiarme a la gracia divina y a la intercesión del Profeta, Me pongo en las manos de esta constitución, tras haberla cubierto con mi sanción imperial. Con la ayuda de Dios, recibirá su aplicación inmediata en todas partes de Nuestro Imperio.
Por ende, espero que usted la promulgue y garantice las disposiciones necesarias a partir del presente día. También debe tomar medidas urgentes y eficaces para proceder al estudio y elaboración de las leyes y reglamentos de los que se hace mención en este decreto. Que el Altísimo les permita tener éxito en sus esfuerzos a todos aquellos que trabajan para la salvación del Imperio y la Nación. 11-23 diciembre de 1876.

 5. "Tres sistemas políticos”. Yusuf Akçura, 1904

“Yo creo que han sido concebidos y elucidados 3 sistemas políticos en el Imperio Otomano, desde que se despertó el deseo de adquirir fuerza y progreso, aprovechando la ilustración de Occidente. El primero consiste en formar una nación otomana, asimilando y unificando las diversas nacionalidades que dependen del gobierno otomano; el segundo, una unión política de todos los musulmanes bajo la dirección del gobierno otomano, sirviéndose del hecho de que el soberano, el Estado otomano, es heredero del derecho califal (lo que los europeos llaman el panislamismo). El tercero es la construcción una nacionalidad política turca basada en la raza. Si los dos primeros tuvieron durante un tiempo una influencia profunda sobre la política general del Estado otomano, el último no aparece sino en algunos escritores (…)
La idea de constituir una nacionalidad política turca basada en la raza es muy reciente. No creo que esta idea haya existido en el Imperio Otomano hasta ahora, ni en ningún otro Estado turco del pasado. El historiador partisano de Gengis Khan y de los Mongoles, León Cahun, escribió que el gran Khan turco había conquistado Asia de extremo a extremo, con el objetivo grandioso de unificar a todos los turcos, pero no puedo afirmar que esto esté completamente comprobado por la historia.
No sé si esta política tiene seguidores en el Imperio Otomano más allá de Estambul. Pero la política del turquismo, como la del islamismo, se encuentra normalmente limitada a las fronteras otomanas. Es por ello que debemos observa otras regiones del mundo habitadas por turcos.
Yo creo que, en Rusia, donde se encuentra la mayoría de los turcos, la idea de unificar a los turcos existe de manera errática. La literatura del Volga, que acaba de nacer, es más turca que musulmana. El Turquestán, el valle del Volga y de los Urales, que son regiones pobladas por turcos, constituyen un medio más adecuado que el Imperio Otomano para el desarrollo del panturquismo, si no existieran presiones externas.
En lo que respecta a las ventajas que traería la política del panturquismo, los turcos del Imperio Otomano estarían más estrechamente unidos que por la sola religión, lo estarían por los lazos religiosos y étnicos a la vez. Las otras poblaciones musulmanas del Imperio que, sin ser de origen turco, se volvieron turcas hasta cierto punto, se podrían asimilar aún más, y los elementos que todavía han sido asimilados y mantienen una conciencia nacional, también podrían turquificarse con el tiempo.
Pero el interés fundamental sería apoyar la unión de los turcos, que se expandieron por una gran parte del continente asiático y de Europa oriental, y que tienen en común la lengua, la raza, las costumbres e incluso, en la mayoría de ellos, la religión; de esta manera constituirían una potente nacionalidad política, capaz de mantener su existencia en medio de otras grandes naciones. Y en este inmenso territorio, el Estado otomano jugaría un rol más importante porque es la sociedad turca más poderosa, avanzada y civilizada”.

 

6. Llamado de Mustafá Kemal a los Sirios (20 septiembre de 1919).

Al honorable pueblo musulmán de toda Siria
Oh árabes unidos!
Nosotros de nuestro lado y ustedes del suyo, creemos en los ataques y revueltas contra los franceses, enemigos de nuestra patria. Según las informaciones dadas por los mouyahids de Marach, los franceses tienen muy pocas fuerzas.

Es increíble que, hasta el día de hoy, no hayamos logrado expulsar y dispersar tan pequeñas fuerzas enemigas, que tienen sus ojos puestos en nuestra patria. Es un error esperar la gracia de estos individuos, Lloyd George y Clemenceau, y sobre todo de las potencias aliadas. Una nación que quiera vivir en este mundo, debe hacer esfuerzos; les aseguro que las revueltas y los movimientos iniciados contra los franceses en Siria, por bandas enviadas por nosotros, frenarán el avance de los opresores franceses que nos han sorprendido.

Como ustedes lo saben, los franceses no tienen ninguna fuerza. No podrán enviar refuerzos porque es seguro que las fuerzas terrestres alemanas, que tienen un ejército intacto, invadirán muy pronto Francia, lo que hace dudar al señor Wilson.

Nosotros conocemos el coraje y la ayuda que nos han brindado la población siria y las tribus y los nómadas beduinos de Arabia. Es sorprendente que los franceses hayan ocupado el Zahle y Moallaka sin ninguna resistencia. Hoy, la causa iniciada es una cuestión de vida o muerte. Sin perder un minuto, organicen una administración completa nacional: hagan proyectos y, con las armas y municiones que tienen, ataquen por todas partes a los franceses, nuestros enemigos.

Pasando pronto al ataque, nuestro ejército avanzará en los próximos días de marzo hacia Kharput, El Bistan, Marach, Aintab y, por otro parte, Adana e Islahieh. Así, comenzaremos a expulsar a los franceses de Siria. Tengan la certeza, de que, si unimos nuestras fuerzas, en dos meses como máximo, no quedará el nombre de los franceses en el país. Les puedo garantizar que los franceses no recibirán ninguna ayuda de los ingleses, sus aliados.

El coronel del Estado Mayor, Adil Bey, que les envío, debe establecer con ustedes el programa de formación del movimiento nacional. Le he dado las instrucciones verbalmente. Todos los otomanos y el mundo musulmán esperan esto de ustedes. Tengo confianza en que pronto expulsarán a estos mañosos enemigos de los lugares y edificios musulmanes de Siria.

Esta es mi idea y mi meta. En cuando caiga Esmirna, es seguro que marcharé sobre Siria.
Que Dios y la religión del Profeta les ayuden; la unión del islam les orden “El Yihad, el Yihad”, oh creyentes.

7.Genocidio visto por gobernador del Líbano, Ohannés Pasha Kuyumdian.

Cuántos actos de barbarie se han cometido. Estos exiliados que vemos desde el tren han salido relativamente bien librados. Por lo menos viajan en familia; son transportados en vías férreas; la dirección que toman los convoyes lleva a países prósperos, a Damasco, donde la población no les será hostil. Pero cuántas caravanas más hay, empujadas hacia los desiertos de Arabia, donde no quedan más que mujeres solas y semi-desnudas que, tras largas marchas a pie, se vieron prohibir sin piedad el agua que todo buen musulmán considera como un deber (…)

En la ruta, vemos todavía los deportados que se dirigen a Rayak. Pero para ellos, se han ahorrado el ferrocarril. Las autoridades militares son avaras cuando se trata de vagones, sobre todo cuando hablamos de los armenios. De hecho, la masa de exiliados aumenta de manera aterradora. Y ya no se logra transportarlos a todos: se necesita que caminen. Por eso nos cruzamos con tristes caravanas, hombres, mujeres y niños, caminando lentamente bajo el sol de Siria. Algunos privilegiados pudieron pagar por un camello. Esto debe ser un lujo caro en estos tiempos de austeridad. Hay, entre los caminantes, gente joven y vigorosa; pero también los débiles, los ancianos y enfermos. Vemos cómo les ayudan, cómo los cargan o los arrastran para que no estorben en el camino.

Llegamos a Alepo tras la caída de la noche. El valí, mi antiguo vecino de Beirut, Bekir Samy Bey, sale a mi encuentro y me rinde los honores con una fila de gendarmes. Al día siguiente, el general comandante y otras autoridades vienen a darme la bienvenida. Esta acogida parece un buen augurio, pero en el hotel de un armenio, conocido como el “Barón”, me aconsejan desconfiar de las autoridades.

Alepo es el punto donde convergen estas dos corrientes de emigración forzada. Es hasta ahora que nos encontramos con el verdadero río humano que viene de Asia Menor Occidental, de esos países de lengua turca. Las poblaciones de esta corriente, no han sido todavía sistemáticamente dispersadas o masacradas en el camino. Salvo el feroz Atif, valí de Ankara, que mató a una gran parte de los armenios de su provincia, los otros gobernadores se han contentado, en general, con llevarlos etapa por etapa, dejando a los cansados en el camino, expuestos a la intemperie, sed, hambre y enfermedades propias de esta obra de exterminación. 

Los escuadrones que masacran a los armenios, reclutados por el Comité Unión y Progreso en las prisiones, no habían actuado hasta el momento más que en las fronteras orientales del Cáucaso y Anatolia. La población musulmana de estos países, compuesta principalmente de kurdos, es la más feroz y ruda, y suele terminar lo que las bandas de asesinos ya han comenzado (…)

Los hombres han sido separados de sus familias desde las primeras etapas y masacrados hasta el último de ellos. Las jóvenes mujeres y las adolescentes, han sido raptadas o simplemente violadas sobre el camino, luego torturadas con un sadismo atroz y bárbaro. En cuando a los ancianos, enfermos y niños, han caído en el camino o han sido abandonados en la ruta (…) Vi esas pobres criaturas, lo que quedaba de esos miserables arreados por las tropas en la vía a Alepo. ¿Cómo describir su apariencia? Las largas caminatas forzadas por caminos espantosos ya han deformado las caderas y doblegado los cuerpos. Los rostros están destruidos y contraídos. La mirada es ausente y vaga. Ante mis ojos, un oficial turco empuja su caballo sobre estos pobres humanos, enviando a una mujer con su bebé al suelo. La fustiga para obligarla a pararse, pero tras algunos esfuerzos, vuelve a caer. “No puedo más, ¿a dónde nos llevas?”, gime la mujer. “Al infierno del que jamás habrías de haber salido”, responde el oficial.

Un alemán pasaba en ese momento con una dama. Obligado a asistir a este espectáculo, descendió del carro tratando de interponerse. Su intervención provocó la ira popular.