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Los ainu, una cultura en peligro

Los ainu, una cultura en peligro

Por: Julián Santamaría

Durante siglos de aislamiento, los ainu desarrollaron una cultura radicalmente diferente a la de los japoneses. Pero al momento en que empezaron a ser incorporados a la cultura japonesa, surgieron choques que aún hoy siguen causando discriminación, así como también la disolución de su cultura ancestral.

La palabra ainu es un término que quiere decir ‘ser humano’. Los ainu son un grupo étnico que durante siglos ha habitado la isla de Hokkaido, en la parte septentrional de Japón. Hokkaido, que en japonés significa “ruta hacia el mar norte” (hoku: norte / kai: mar / do: ruta), es una isla que durante siglos se mantuvo cultural, política y socialmente separada del resto del archipiélago.

Pero incluso el nombre Hokkaido se le concedió a la isla tan solo hasta el siglo XIX, porque anteriormente, y como parte de la discriminación y falta de conocimiento que se tenía sobre la isla y sus habitantes, se le denominaba: Yezogashima (Isla de los bárbaros). Este ejemplo es tan solo un atisbo de las múltiples formas en que la discriminación hacia los ainu se ha expresado y concretado.

Sería hasta los siglos XVIII y XIX, con la invasión japonesa a la isla, y la cada vez más acelerada modernización que venía desde el sur, que se empezaron a desarrollar planes para la industrialización de la región. Paralelamente, en 1871 se estableció una nueva capital para la isla: Sapporo. Con la absorción de Hokkaido a la esfera de influencia japonesa, nuevas empresas económicas como la minería y la pesca a gran escala se establecieron en las tierras que habitaban los ainu.

Pero este solo sería el inicio de una sucesión de momentos difíciles para este grupo étnico. Se les prohibieron varias prácticas económicas tradicionales como la caza y la pesca artesanal. Así, no solo su cultura tradicional empezó a verse comprometida, sino también su subsistencia. No en vano, con el pasar de los años, el número de ainu ha decrecido considerablemente y su descendencia cada vez se ha mezclado más con el resto de la cultura japonesa.

Sin embargo, los japoneses siguieron considerando a Hokkaido como un área alejada de la ‘civilización’. Esta dinámica llegó a ser tan marcada que durante mucho tiempo era preferible para algunos emigrantes establecerse en Brasil, donde la colonia japonesa era numerosa, antes que en Hokkaido, donde se temía que el emigrante perdiera su ‘refinamiento’. Es decir, la discriminación hacia esta cultura desconocida seguía latente. A través del tiempo, se les denominó con términos despectivos como: emishi (bárbaros), ebisu (primitivos) y yesojin (pueblerinos).

Además de las diferencias culturales, la fisionomía de los ainu no era muy similar a la de los japoneses. Aunque esto ha cambiado con la asimilación de Hokkaido al resto del mapa japonés, los ainu, antes de entrar en un contacto directo con los japoneses, tenían una piel más oscura; además de tener un cuerpo más musculoso que el de los japoneses, sus barbas eran mucho más pobladas y su pelo era ondulado y grueso.

Para sumarse al misterio de los ainu, no existen estudios conclusivos sobre su procedencia, lo que ha llevado a múltiples especulaciones y mitos falsos. Dichos mitos, inclusive llegaron a ser enseñados a los niños japoneses en las escuelas. Uno de los ejemplos más dicientes es el mito que dice que los ainu ‘evolucionaron’ de los perros.

Al igual que su origen étnico, los orígenes de la lengua ainu siguen siendo un misterio. Hasta ahora, todos los intentos de dar con su una pista sobre su evolución han sido insuficientes. Su lengua, al igual que pasa con el vasco, son muy difíciles de rastrear porque no tienen casi ningún parentesco o ancestro común con otras lenguas. Al ser un lenguaje predominantemente oral y al no tener una contraparte escrita, se ha visto amenazado al punto de estar al borde de la extinción.

Pero esta es tan sola una de las dimensiones de la cultura ainu que se ve amenazada. Su asimilación ha hecho que casi todas sus expresiones culturales estén desapareciendo y que tan solo algunos rastros de su cultura aun puedan verse y expresarse en prácticas y creencias de la cotidianidad en la isla de Hokkaido.

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