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La tablilla de la discordia

La tablilla de la discordia

Por: Julián Santamaría

Tan solo doce años después de que Charles Darwin publicara ‘el Origen de las especies’, un hombre volvía a estremecer los pilares del conocimiento en la cultura occidental. Se trataba de George Smith, un hombre que al leer una tablilla de barro, de un poco más de 15cm de largo, estaba haciendo un descubrimiento que generó una de las más grandes controversias en la historia de la arqueología.

Smith, un gran aficionado del Medio Oriente antiguo, aprovechaba sus descansos de almuerzo para visitar el British Museum, ubicado a pocas calles de la editorial donde era un aprendíz.  Su afición llego a tal punto que se hizo autodidacta y aprendió a leer los cuneiformes que estaban expuestos en las salas del museo.

Smith llamó la atención de algunos arqueologos e historiadores. Especialmente, la de Sir Henry Rawlinson, en ese entonces director del museo y toda una celebridad en el mundo de la asiriología. Rawlinson vio potencial en este inusual personaje y decidió ofrecerle un empleo en el museo. A pesar de que su trabajo era altamenete especializado, -en ese momento, e inclusive hoy, el número de personas que son capaces de leer cuneiformes es muy reducido- su salario era muy modesto y no se diferenciaba mucho del de el conserje. Esto no evitó que Smith trabajara allí durante años con gran dedicación.

El gran descubrimiento llegó en 1872. Cuando Smith leyó una de las tablillas, que veinte años atrás había traido Sir Austen Henry Layard desde Irak (en ese entonces parte del Imperio Otomano). Esta tablilla no solo llevaba 20 años guardada en el museo sin que se les prestara mucha atención, sino que lo más seguro, es que llevara más de dos milenios sin ser interpretada por un ser humano.

Una foto de George Smith

Lo que Smith estaba traduciendo era parte de la epopeya de Gilgamesh, una de las obras épicas más antiguas de las que se tiene registro. Conforme iba leyendo y descifrando los cuneiformes, se dio cuenta de que esta pieza relataba una historia prácticamente identica a los versículos sobre el diluvio universal y el arca de Noé narrados en la Biblia. En ella, está escrito cómo los dioses babilonios mandaron un diluvio para destruir la tierra. Y cómo, al igual que Noé, Utnapishtim logró sobrevivir construyendo una barca y llevando consigo todo tipo de animales.

La tablilla fue escrita en el siglo 7 a.C, es decir precedía por 400 años los registros más antiguos que se conocen del Antiguo Testamento, lo que hizo que el descubrimiento fuera una sensación. Cabe recordar, que en ese entonces, lo que se conoce como arqueología Bíblica, era una de las fuentes de mayor interés para toda persona interesada en el mundo antiguo. Fue tal la emoción de Smith, que según lo cuentan, empezó a quitarse la ropa en pleno lugar de trabajo.

Para divulgar el descubrimiento, se convocó una reunión en el número 9 de Conduilt Street en Londres. La sala donde se haría el anuncio del descubrimiento estaba abarrotada de periodistas y acádemicos. Pero sin duda, el asistente más reconocido fue el primer ministro, William Gladstone. El suceso causó revuelo y al otro día ocupó portadas de periódicos al otro lado del Atlántico como la del New York Times.

 El descubrimiento abrió una importante discusión en la arqueología. En ese entonces, se hicieron dos lecturas de los hechos. Para algunos corroboraba la historia del arca de Noé, mientras que para otros demostraba que la historia del arca de Noé era tan solo parte de la tradición literaria y fantástica del Medio Oriente. Evidentemente, para resolver el dilema se necesita más evidencia. Sumado a que hay muchas otras formas de entender el descubrimiento. De lo que no cabe duda, es que la curiosidad y pasión de George Smith cambiaron para siempre la forma en que Occidente entendía su historia.

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