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El Imperio bizantino

Material adicional · Curso

El Imperio bizantinoEntre el islam y las cruzadas

Veinte lecturas para recorrer mil años de historia del Imperio romano de Oriente, de la fundación de Constantinopla a la conquista otomana. Material de estudio del curso de Juan Camilo Vergara.

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    01 · 324–337 · Antecedentes

    La Nueva Roma

    Tras las crisis del siglo III, Diocleciano y después Constantino reorganizaron el Imperio romano: multiplicaron las provincias, reformaron el ejército y rodearon al emperador de un ceremonial cada vez más solemne. En 324, después de vencer a su rival Licinio, Constantino escogió la vieja colonia griega de Bizancio, junto al Bósforo, para levantar una nueva capital. La inauguró el 11 de mayo de 330 con el nombre de Constantinopla.

    La ubicación explica buena parte de su destino. La ciudad controlaba el paso entre el mar Negro y el Egeo y el camino terrestre entre los Balcanes y Anatolia, y estaba rodeada de agua por tres lados. Sus habitantes nunca dejaron de llamarse romanos: el adjetivo «bizantino» lo popularizaron los eruditos europeos siglos después. Para quienes vivieron allí, aquel era sencillamente el Imperio romano.

    Para pensar

    ¿Qué ventajas y qué riesgos tenía gobernar un imperio desde una ciudad situada entre dos continentes?

    02 · 325–451 · Antecedentes

    Un imperio cristiano

    Constantino favoreció a la Iglesia y en 325 convocó en Nicea el primer concilio ecuménico para resolver la controversia abierta por el presbítero Arrio sobre la divinidad del Hijo y su relación con el Padre. Desde entonces, el emperador actuó como garante de la unidad de la fe: reunía concilios, hacía cumplir sus decisiones y perseguía a los disidentes. Teodosio I declaró el cristianismo niceno religión oficial en 380, y el concilio de Constantinopla de 381 completó el credo que todavía recitan muchas iglesias.

    La pregunta por la relación entre lo divino y lo humano en Cristo siguió dividiendo a los cristianos. El concilio de Calcedonia, en 451, definió dos naturalezas unidas en una sola persona, pero buena parte de las comunidades de Egipto y Siria rechazó la fórmula. Junto a obispos y emperadores ganó peso otra autoridad: la de monjes y ascetas, venerados como hombres santos cuya palabra podía valer tanto como la de un patriarca.

    Para pensar

    ¿Por qué un desacuerdo teológico podía convertirse en un problema político para el emperador?

    03 · 378–476 · Antecedentes

    El Oriente resiste

    En 378, los godos derrotaron y mataron al emperador Valente en Adrianópolis, y desde entonces la presión sobre las fronteras no cesó. A la muerte de Teodosio I, en 395, el gobierno quedó repartido entre una corte oriental y otra occidental. En Occidente, los generales de origen germánico terminaron controlando el poder: en 476, Odoacro depuso al joven Rómulo Augústulo, tenido tradicionalmente por el último emperador de Occidente, y envió las insignias imperiales a Constantinopla.

    El Oriente contaba con ventajas decisivas: provincias más pobladas y ricas, como Egipto y Siria, una recaudación de impuestos que seguía funcionando y una capital casi inexpugnable. Las murallas terrestres de Teodosio II, cuya primera línea se terminó en 413 y que se duplicaron tras el terremoto de 447, protegieron la ciudad durante más de mil años. Sus emperadores aprendieron además a negociar, a pagar subsidios y a desviar hacia Occidente a los pueblos que amenazaban sus fronteras.

    Para pensar

    ¿Qué recursos permitieron que la mitad oriental sobreviviera cuando la occidental se disolvía?

    04 · 527–565 · Antecedentes

    La era de Justiniano

    Justiniano gobernó de 527 a 565 con un proyecto ambicioso: devolver al Imperio su antigua grandeza. Sus juristas reunieron siglos de derecho romano en la compilación que hoy llamamos Corpus iuris civilis, base de muchas tradiciones jurídicas europeas. En 532 estuvo a punto de perder el trono en la revuelta Nika, sofocada con dureza; la emperatriz Teodora, según el historiador Procopio, lo convenció de no huir. Después reconstruyó Santa Sofía, consagrada en 537, cuya cúpula se convirtió en el gran símbolo de la ciudad.

    Belisario recuperó el norte de África de manos de los vándalos (533–534), y él y después Narsés arrebataron Italia a los ostrogodos tras una guerra larga y devastadora (535–554). El precio fue enorme. La peste de 541–542, la primera gran pandemia de esta enfermedad que conocemos, golpeó a una población ya presionada por los impuestos y por la guerra con Persia. Tres años después de su muerte, los lombardos invadieron Italia.

    Para pensar

    ¿Fue la reconquista de Justiniano un éxito o una carga para el Imperio? ¿Con qué criterios lo medirías?

    05 · 610–630 · Sesión 1 · La ciudadela cristiana

    Heraclio, entre Persia y el desastre

    Cuando Heraclio tomó el poder en 610, el Imperio estaba al borde del colapso. En los años siguientes, los persas sasánidas ocuparon Siria, Palestina y Egipto; en 614 tomaron Jerusalén y se llevaron la reliquia de la Vera Cruz. En 626, mientras ávaros y eslavos sitiaban Constantinopla y un ejército persa acampaba al otro lado del Bósforo, la capital resistió gracias a sus murallas y a su flota.

    Heraclio, entretanto, llevó la guerra al corazón de Persia y venció cerca de Nínive en diciembre de 627. Hacia 630 devolvió la Vera Cruz a Jerusalén, en una ceremonia que celebraba el triunfo de un emperador cristiano. Pero más de veinte años de guerra habían arruinado las provincias de ambos imperios. Muy pronto, un poder nuevo surgido en Arabia los encontraría agotados.

    Para pensar

    ¿Por qué una victoria tan completa pudo dejar al Imperio más vulnerable que antes?

    06 · 634–642 · Sesión 1 · La ciudadela cristiana

    La llegada del islam

    Tras la muerte de Mahoma en 632, los califas que lo sucedieron enviaron ejércitos hacia Siria e Irak. En agosto de 636, junto al río Yarmuk, los árabes derrotaron al principal ejército romano de Oriente. Antioquía cayó poco después; Jerusalén se rindió hacia 638 y Alejandría fue evacuada en 642. El Imperio persa, enemigo secular de Constantinopla, también se derrumbó ante el mismo empuje.

    Los historiadores discuten el peso de cada factor: el agotamiento tras la guerra persa, la cohesión y movilidad de los ejércitos árabes, y la distancia entre Constantinopla y muchas comunidades cristianas de Siria y Egipto, enfrentadas con la Iglesia imperial desde Calcedonia. Para muchos habitantes, el cambio de señor y de impuesto llegó antes que cualquier transformación de la vida cotidiana. Para el Imperio, en cambio, la pérdida fue inmensa: con Egipto desaparecía buena parte de sus ingresos.

    Para pensar

    ¿Qué factores pesan más para explicar la rapidez de las conquistas árabes y cuáles siguen en discusión?

    07 · Siglo VII · Sesión 1 · La ciudadela cristiana

    Resistir: temas, fortalezas y fuego griego

    Tras perder sus provincias más ricas, el Imperio se volvió más pequeño, más pobre y más militar. Muchas ciudades de Anatolia se contrajeron en recintos fortificados, y las incursiones árabes se repitieron casi cada año. Poco a poco, los antiguos ejércitos de campaña se asentaron en distritos llamados temas: sus soldados pasaron a sostenerse en buena medida con recursos locales y, con el tiempo, sus generales, los estrategos, concentraron el mando militar y el gobierno civil.

    Según la cronología tradicional, basada en el cronista Teófanes, flotas árabes hostigaron Constantinopla entre 674 y 678; algunos historiadores sitúan hoy el único asedio propiamente dicho hacia 667–669. En esos años, la ciudad contó con un arma que se volvería legendaria: el fuego griego, un líquido incendiario lanzado desde sifones montados en los barcos, que seguía ardiendo sobre el agua. Se atribuye su invención a Calínico, un arquitecto llegado de Siria, y su composición fue un secreto tan bien guardado que todavía hoy se discute.

    Para pensar

    ¿Qué ganó y qué perdió el Imperio al convertirse en una sociedad organizada para la defensa?

    08 · 717–718 · Sesión 1 · La ciudadela cristiana

    La ciudad que no cayó

    En el verano de 717, un enorme ejército y una flota omeyas, al mando de Maslama, hermano del califa, cercaron Constantinopla por tierra y por mar. León III, que acababa de llegar al trono, dirigió la defensa. El fuego griego destruyó parte de la flota enemiga, el invierno fue durísimo para los sitiadores acampados frente a las murallas y los búlgaros atacaron su retaguardia.

    En agosto de 718, los sitiadores se retiraron tras sufrir pérdidas enormes. Fue el último gran intento de los califas de tomar la ciudad. La resistencia de Constantinopla no detuvo la expansión del islam en otras regiones, pero cerró a los ejércitos califales el paso hacia los Balcanes por el Bósforo. A partir de entonces, la frontera se estabilizó en torno a los montes Tauro, en el sureste de Anatolia, escenario durante dos siglos de incursiones y contraataques.

    Para pensar

    ¿Por qué la defensa de una sola ciudad tuvo consecuencias para la historia de toda Europa?

    09 · 726–787 · Sesión 2 · La crisis iconoclasta

    La guerra de las imágenes

    Según las fuentes iconófilas, hacia 726–730 León III tomó medidas contra la veneración de los iconos, aunque hoy se discute su alcance; fue su hijo Constantino V quien dio al rechazo de las imágenes una base doctrinal: el concilio de Hieria, en 754, las condenó. Para los iconoclastas, representar a Cristo era imposible o conducía a la idolatría, y las derrotas frente a los árabes podían leerse como un castigo divino. Para los iconófilos, como Juan Damasceno, la Encarnación legitimaba la imagen: el Dios invisible se había hecho visible.

    La disputa causó víctimas y destrucciones, y hubo persecuciones dirigidas sobre todo contra algunos monasterios, aunque casi todas las fuentes que conservamos fueron escritas por los iconófilos vencedores y tienden a exagerar la crueldad de sus rivales. En 787, la emperatriz Irene reunió el segundo concilio de Nicea, que restauró la veneración de las imágenes. La paz duró poco: en 815, el iconoclasmo volvió como política oficial.

    Para pensar

    ¿Qué cambia en nuestra comprensión de un conflicto cuando casi todas las fuentes fueron escritas por uno de los bandos?

    10 · 815–843 · Sesión 2 · La crisis iconoclasta

    El triunfo de la Ortodoxia

    El segundo iconoclasmo, iniciado en 815, terminó tras la muerte del emperador Teófilo. En 843, su viuda Teodora, regente de su hijo Miguel III, restauró la veneración de las imágenes con el apoyo del nuevo patriarca, Metodio. La restauración se celebró el primer domingo de Cuaresma, fecha que las Iglesias ortodoxas siguen recordando como el Domingo de la Ortodoxia.

    El final de la controversia tuvo efectos duraderos. De acuerdo con lo definido en el concilio de 787, los teólogos distinguieron entre la veneración que se ofrece a una imagen y la adoración, reservada solo a Dios: el honor tributado a la imagen pasa a la persona representada. El arte bizantino desarrolló entonces programas de mosaicos y pinturas que se difundirían por todo el mundo ortodoxo, y la victoria reforzó el prestigio de los monjes que habían defendido los iconos.

    Para pensar

    ¿Por qué la restauración de los iconos se convirtió en una fiesta de identidad y no solo en una decisión doctrinal?

    11 · 863–988 · Sesión 2 · La crisis iconoclasta

    Bizancio y los eslavos

    En 863, a petición del príncipe Rastislav de Gran Moravia, el emperador Miguel III y el patriarca Focio enviaron a dos hermanos de Tesalónica: Constantino, conocido después como Cirilo, y Metodio. Crearon un alfabeto, el glagolítico, para escribir la lengua de los eslavos y traducir a ella la liturgia y la Biblia. En la generación siguiente, sus discípulos en Bulgaria desarrollaron el alfabeto que hoy llamamos cirílico en su honor.

    La diplomacia religiosa fue una de las herramientas más eficaces del Imperio. El kan Boris de Bulgaria se bautizó hacia 864, y en 988 el príncipe Vladimiro de Kiev adoptó el cristianismo y se casó con Ana, hermana del emperador Basilio II. Así se formó una comunidad de pueblos unida por la fe ortodoxa, la liturgia y el prestigio de Constantinopla, más allá de las fronteras políticas: lo que el historiador Dimitri Obolensky llamó la «Commonwealth bizantina».

    Para pensar

    ¿Qué ventajas tenía para Bizancio extender su influencia mediante la religión y la escritura, y no solo mediante la guerra?

    12 · 976–1025 · Sesión 2 · La crisis iconoclasta

    El apogeo: Basilio II

    Basilio II reinó entre 976 y 1025. Tras sobrevivir a las rebeliones de grandes familias aristocráticas, dedicó décadas a la guerra contra el zar Samuel de Bulgaria. En 1014 venció en la batalla de Clidio; según las crónicas, mandó cegar a miles de prisioneros y devolverlos a su soberano, que murió poco después. En 1018, con la entrega de Ohrid, Bulgaria quedó incorporada al Imperio.

    A su muerte, el Imperio dominaba los Balcanes hasta el Danubio, conservaba el sur de Italia y se extendía por Anatolia hasta Armenia. El tesoro estaba lleno. Pero Basilio no dejó hijos, y sus sucesores no supieron mantener el equilibrio entre la corte, los generales y los grandes terratenientes. El sobrenombre de Bulgaróctono, «matador de búlgaros», se generalizó más tarde, cuando su figura ya se había convertido en leyenda.

    Para pensar

    ¿Por qué el momento de mayor poder del Imperio también preparó sus dificultades posteriores?

    13 · 1054–1071 · Sesión 3 · Los cruzados y el colapso imperial

    1054 y 1071: dos rupturas

    En julio de 1054, los legados que había enviado el papa León IX, muerto en abril, depositaron en el altar de Santa Sofía una bula que excomulgaba al patriarca Miguel Cerulario; este respondió excomulgando a los legados. Detrás había diferencias acumuladas: la autoridad del papa sobre toda la Iglesia, el uso de pan sin levadura en la misa y la cláusula Filioque, añadida al credo en Occidente. En su momento, pocos lo vieron como una separación definitiva; el cisma se volvió duradero con los conflictos de las cruzadas.

    Mientras tanto, las disputas en la corte habían debilitado al ejército. En agosto de 1071, el emperador Romano IV Diógenes fue derrotado y capturado por el sultán selyúcida Alp Arslan en Mantzikert, cerca del lago Van. La batalla no destruyó por sí sola el Imperio, pero la guerra civil que siguió dejó Anatolia abierta: en pocos años, grupos turcos se instalaron en el corazón de la península. Ese mismo año, los normandos tomaron Bari, último bastión bizantino en Italia.

    Para pensar

    ¿Por qué una sola derrota tuvo consecuencias tan graves? ¿Qué ocurrió después de la batalla?

    14 · 1081–1118 · Sesión 3 · Los cruzados y el colapso imperial

    Alejo I y la Primera Cruzada

    Alejo I Comneno tomó el poder en 1081, con el Imperio amenazado por los normandos en el Adriático, los pechenegos en el Danubio y los turcos en Anatolia. Para sobrevivir, concedió amplios privilegios comerciales a Venecia a cambio de su flota y buscó tropas en Occidente. En 1095, sus embajadores pidieron ayuda al papa Urbano II, que ese mismo año convocó en Clermont una expedición armada para socorrer a los cristianos de Oriente y llegar a Jerusalén.

    Lo que llegó en 1096–1097 no fue un cuerpo de mercenarios, sino decenas de miles de guerreros y peregrinos con sus propios señores. Alejo obtuvo de muchos jefes el juramento de devolverle las antiguas ciudades imperiales, y con ayuda de los cruzados recuperó Nicea en junio de 1097. Pero tras la toma de Antioquía, en 1098, el normando Bohemundo se quedó con la ciudad, y la desconfianza entre griegos y latinos se instaló por generaciones. Su hija, Ana Comnena, contó estos años en la Alexíada.

    Para pensar

    ¿Por qué los objetivos del emperador y los de los cruzados se fueron separando?

    15 · 1118–1185 · Sesión 3 · Los cruzados y el colapso imperial

    Comnenos y cruzados

    Los sucesores de Alejo, Juan II (1118–1143) y Manuel I (1143–1180), gobernaron un Imperio próspero, con una corte brillante y una red de alianzas que llegaba a Hungría, Italia y los Estados cruzados. Manuel admiraba las costumbres caballerescas occidentales y se casó con dos princesas latinas. Pero la Segunda Cruzada (1147–1149) atravesó el Imperio entre fuertes tensiones y, en 1176, el ejército de Manuel fue derrotado por los selyúcidas en Miriocéfalo.

    Una parte creciente del comercio de Constantinopla quedó en manos de mercaderes italianos, cuyos privilegios despertaban recelo entre la población. En 1171, Manuel mandó arrestar a los venecianos del Imperio, y en 1182 una revuelta popular masacró a los latinos de la ciudad. Tras la muerte de Manuel, las luchas dinásticas debilitaron al gobierno, mientras normandos, serbios y búlgaros aprovechaban la crisis.

    Para pensar

    ¿Cómo pudo un Imperio próspero volverse tan vulnerable en pocos años?

    16 · 1202–1204 · Sesión 3 · Los cruzados y el colapso imperial

    1204: el saqueo de Constantinopla

    La Cuarta Cruzada se organizó para atacar Egipto, pero sus jefes no pudieron pagar a Venecia los barcos contratados. A cambio de aplazar la deuda, ayudaron a Venecia a tomar la ciudad cristiana de Zara (Zadar) en 1202, y después aceptaron la propuesta del príncipe Alejo Ángelo: ayudarlo a recuperar el trono de su padre a cambio de dinero y tropas. En julio de 1203 tomaron Constantinopla por primera vez y lo instalaron en el trono, junto a su padre, como Alejo IV. Cuando las promesas no se cumplieron y Alejo fue derrocado y asesinado, los cruzados asaltaron de nuevo la ciudad.

    Del 12 al 15 de abril de 1204, Constantinopla sufrió tres días de saqueo: iglesias despojadas, reliquias y obras de arte enviadas a Occidente, como los caballos de bronce que hoy se conservan en San Marcos de Venecia. Se creó el Imperio latino y Venecia obtuvo puertos e islas clave. El cristianismo oriental guardó una memoria amarga del episodio, que hizo casi imposible la reconciliación entre las Iglesias.

    Para pensar

    ¿Fue el desvío de la Cuarta Cruzada un plan premeditado o una cadena de decisiones? ¿Qué fuentes te ayudarían a responder?

    17 · 1204–1282 · Sesión 4 · ¿1000 años de historia al olvido?

    Exilio y restauración

    Tras 1204 surgieron varios Estados griegos rivales que se proclamaban herederos del Imperio: Nicea, en Asia Menor; el Epiro, en Grecia occidental, y Trebisonda, junto al mar Negro. El Estado de Nicea, gobernado por Teodoro I Láscaris y Juan III Vatatzés, fue el más eficaz: administró bien sus tierras, resistió a latinos y turcos y se presentó como la verdadera sede del emperador y del patriarca.

    En julio de 1261, un pequeño ejército niceno encontró Constantinopla casi sin defensa y la ocupó. Miguel VIII Paleólogo entró solemnemente en la ciudad el 15 de agosto. Pero la capital estaba empobrecida, y el emperador tuvo que invertir sus recursos en defenderse de nuevos proyectos de cruzada y en negociar con el papado. Su dinastía, la de los Paleólogos, gobernaría hasta 1453.

    Para pensar

    ¿Qué significa «restaurar» un imperio cuando su territorio y sus recursos ya no son los mismos?

    18 · 1261–1453 · Sesión 4 · ¿1000 años de historia al olvido?

    Letras y arte en tiempos difíciles

    La época de los Paleólogos fue políticamente frágil, pero culturalmente fecunda. Hacia 1315–1321, el alto funcionario Teodoro Metoquita renovó la iglesia de Cora, en Constantinopla, con mosaicos y frescos de una expresividad extraordinaria. Eruditos como Manuel Crisoloras, que desde 1397 enseñó griego en Florencia, abrieron a los humanistas italianos la lectura directa de Platón, Homero y los historiadores griegos.

    En 1438–1439, el emperador Juan VIII asistió al concilio de Ferrara-Florencia en busca de ayuda contra los otomanos y aceptó una unión con Roma que gran parte del clero y del pueblo rechazó. En su delegación viajaba el filósofo Jorge Gemisto Pletón, maestro en Mistrá, cuyas lecciones sobre Platón impresionaron a los florentinos. Tras 1453, otros eruditos y muchos manuscritos griegos llegaron a Italia: Bizancio contribuyó así a la cultura del Renacimiento.

    Para pensar

    ¿Cómo pudo coincidir una crisis política profunda con un periodo de gran creatividad cultural?

    19 · Abril–mayo de 1453 · Sesión 4 · ¿1000 años de historia al olvido?

    La caída de Constantinopla

    A mediados del siglo XV, el Imperio se reducía a Constantinopla, algunas islas y el despotado de Morea, en el Peloponeso. El joven sultán otomano Mehmed II preparó la conquista con cuidado: levantó la fortaleza de Rumeli Hisar sobre el Bósforo y reunió un gran ejército con artillería pesada, que incluía un enorme cañón fundido por el ingeniero Urbano. El asedio comenzó a principios de abril de 1453.

    Los defensores eran pocos, unos siete mil, entre ellos voluntarios genoveses y venecianos. Mehmed hizo arrastrar barcos por tierra, por detrás de Gálata, hasta el Cuerno de Oro, para sortear la cadena que cerraba el puerto. El 29 de mayo, tras un asalto general, los otomanos entraron por las murallas terrestres. Constantino XI murió en el combate y Santa Sofía se convirtió en mezquita. La ciudad, llamada cada vez más Estambul, pasó a ser la capital del Imperio otomano.

    Para pensar

    ¿Fue la caída de 1453 un final inevitable o el resultado de decisiones concretas de ambos bandos?

    20 · Desde 1453 · Sesión 4 · ¿1000 años de historia al olvido?

    El legado y la palabra «bizantino»

    Desde 1557, el humanista alemán Hieronymus Wolf publicó en Basilea ediciones de historiadores bizantinos, que más tarde se conocerían en conjunto como Corpus Historiae Byzantinae. Durante mucho tiempo se le atribuyó la invención del término «bizantino»; hoy los historiadores matizan ese papel, porque la palabra se impuso sobre todo después, con las grandes ediciones de eruditos franceses del siglo XVII. Más tarde, autores de la Ilustración como Voltaire y Edward Gibbon lo asociaron con la decadencia y las intrigas; de ahí el uso de «bizantino» para una discusión inútil o demasiado sutil. Los propios bizantinos, sin embargo, se llamaron romanos hasta el final.

    Su herencia es amplia. Su Iglesia y su liturgia siguen vivas en Grecia, los Balcanes, Rusia y Oriente Próximo; el derecho de Justiniano está en el origen de muchos códigos civiles; su arte inspiró a Venecia, Kiev y Moscú, y sus copistas preservaron buena parte de la literatura griega antigua que hoy leemos. Santa Sofía, que fue iglesia, mezquita, museo y de nuevo mezquita desde 2020, resume las capas de una historia que no se dejó olvidar.

    Para pensar

    ¿Por qué el nombre que usamos para una civilización puede influir en cómo la juzgamos?

    El Imperio bizantino · Material adicional del curso «El Imperio bizantino, entre el islam y las cruzadas», con Juan Camilo Vergara. Lecturas y actividades de Ilustre; las imágenes llevan sus créditos en la galería.

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